domingo, 27 de abril de 2025

Vida entre renglones

 En Cómo se hace una novela (1927) Miguel de Unamuno convierte su obra en un tablero de juego en el que se realiza una autopsia de la novela unamuniana con el fin último de retar al lector a, por un lado, identificarse con U. Jugo de la Raza, su protagonista y alter ego, y, por otro, a convencerle de que toda novela y toda ficción son historias que se desprenden de la vida misma, “Sí, toda novela, toda obra de ficción, todo poema, cuando es vivo es autobiográfico. Todo ser de ficción, todo personaje poético que crea un autor hace parte del autor mismo. Y si éste pone en su poema un hombre de carne y hueso a quien ha conocido, es después de haberlo hecho suyo, parte de sí mismo[1].


Evan Rachel Wood, James Marsden, y Anthony Hopkins en el final de la primera temporada de "Westworld", fotografía de John P. Johnson / HBO


Unamuno frente a U. Jugo

Lo primero que cabe resaltar para analizar este escrito de Miguel de Unamuno es que, pese a su título aparentemente instructivo, no cabe esperar de este texto una guía propiamente elaborada con el fin de enseñar paso a paso a escribir novelas. Es más, contrariamente, Unamuno, coqueteando con la idea de un texto didáctico que ilustre en la elaboración de estos productos literarios complejos, lo que realmente busca es poner en juicio a quiénes tratan de encontrar consejos de escritura en ella, a los  que recurren a la teoría como fuente de aprendizaje cuando lo que sirve para este fin es la práctica. Escribir una novela supone el acto de escribirla y, además, vivirla, ya que todo personaje o historia que se crea es parte de su creador. De esta manera, la estructura de esta guía engañosa, de esta suerte de autopsia novelística unamuniana consiste en, por una parte, desgranar una lectura de todo el trabajo que ha realizado el anterior Unamuno desde la propia perspectiva del actual, una autolectura bajo la premisa de mostrar el proceso de escritura de novelas (metanovela); y, por otra parte, mostrar la creación de nuestras propias novelas a través de un personaje ficticio que no podía ser más real, una nueva identidad a la que llama U. Jugo de la Raza, como resultado de un juego de palabras con sus apellidos.

Una vez aclarado el título de este texto, lo siguiente es comprender qué motivación hay detrás de su realización. Miguel de Unamuno y Jugo (Bilbao, 1864-1936) comienza a escribir Cómo se hace una novela durante su exilio en París en 1924 y, cómo se verá más adelante, este suceso personal y el contexto histórico que lo acompañan serán de vital importancia para comprender la idea que hay detrás de esta obra y del pensamiento del bilbaíno. Por ello, es preciso esbozar en primer lugar el marco histórico y político en el que se ubica la vida del autor para posteriormente analizar en profundidad la obra que nos ocupa.

Como cabe esperar de la condición de exiliado de Unamuno que se describe al principio de la novela, este texto se halla profundamente influenciado por el contexto histórico de España en el final del siglo XIX y principios del siglo XX. Este Unamuno se sitúa en el marco histórico-político de La Restauración, un período en el que, durante 40 años, los partidos políticos conservador y liberal rotaban pacíficamente en el gobierno, lo que otorgaba una sensación de estabilidad intencionada. Sin embargo, estos partidos ejercían el caciquismo y falsificaban las elecciones mediante el pucherazo, por lo que no se podía considerar una democracia completa debido a la prevalencia del fraude electoral y el caciquismo. Al mismo tiempo, con la pérdida de las últimas colonias españolas, se avivó la llama surgida en la primera mitad del XIX del nacionalismo en España y comenzaron a tomar fuerza movimientos regionalistas e independentistas en Cataluña y, más tarde en el País Vasco, lo que propició cierta inestabilidad nacional. Asimismo, cubanos, puertorriqueños y filipinos pedían autonomía política, pero el gobierno nunca respondió a estas demandas. Además, estas colonias cercanas al territorio de Estados Unidos que, en ese momento ya suponía una potencia política incipiente, por lo que se propuso una compra, pero España se negó y Estados Unidos terminó declarándoles la guerra. Como resultado, España, siendo un país poco industrializado, fue fácilmente derrotada. Se firmó entonces el Tratado de Paris en 1898, junto con el Tratado germano-español, lo que significó el final del Imperio español y, consecuentemente, la más profunda decepción de los intelectuales españoles con la empresa política de su país, para la que empezaron a proponer una serie de ideas y reformas políticas y sociales que se encauzarían en una corriente de pensamiento conocida como regeneracionismo y a la que se sumaría Unamuno.

Este acontecimiento supuso una pérdida significativa para España de la que nace, y esto es importante para el futuro de Unamuno, un gran resentimiento militar contra el gobierno, además del descontento y la negativa de muchos integrantes del ejército español ante las guerras dado que gran parte de estos se tomaron de las reservas y de clases populares que, al contrario que las familias pudientes, no podían pagar el impuesto que les libraba de ser enviados al frente. La situación se agravaría pronto con la Guerra de Marruecos en la que, tras la pérdida de las colonias, Francia ofrecía a España el norte marroquí a cambio de su colaboración en la guerra, lo que algunos políticos vieron con buenos ojos para recuperar prestigio pero que terminaría en una guerra persistente y despiadada marcada por “la semana trágica”, cuando en 1909 el ejército sufre un ataque marroquí que les fuerza a mandar más tropas y que desemboca en huelgas de la CNT por toda España de trabajadores que se negaban a la guerra y que respondieron con violencia en las calles. El punto álgido de la guerra llega con el desastre de Annual en el que una operación militar mal organizada concluye con 13000 muertos en el bando español que hizo pedir responsables en España a través de una investigación que antes de llevarse a cabo se interrumpe con el golpe de estado de Primo de Rivera el 13 de septiembre de 1923 y que implicó una posterior dictadura del general de siete años de duración y apoyada por el monarca Alfonso XIII, a quien Unamuno tendría en muy mala consideración por este suceso, ya que Primo de Rivera impondría una dura dictadura que suprimió la libertad de prensa, de organización política, de reunión, etc. Pese a que el dictador acaba con la guerra de Marruecos y se gana la opinión del pueblo con un plan de obra pública, España se vio obligada a emitir una gran deuda que terminaría en el colapso económico y el descontento en las calles y las huelgas de estudiantes. Así pues, Unamuno se opondrá al régimen y será exiliado en Fuerteventura, mientras que en la península se produce un nuevo golpe de Estado que termina en la huida de Primo de Rivera a París.

En estos años de inestabilidad, el 20 de febrero de 1924, el Directorio Militar de Primo de Rivera condenaba a Unamuno al destierro a Fuerteventura contando con la aprobación del monarca y que también lo cesaba de su cargo de vicerrector en la Universidad de Salamanca y de decano de la Facultad de Filosofía y Letras, así como de su sueldo de catedrático. Se cree que el motivo principal de su exilio se debió a una carta publicada en Argentina con la que pretendía burlarse de Primo de Rivera y de Alfonso XIII y su régimen represor. Unamuno queda devastado por esta noticia y marcha a Fuerteventura, de la que no tardaría en huir hacia, primero París, donde su situación se convirtió en un escándalo público, lo que desencadenó en una crisis personal y la duda permanente sobre la honestidad de su postura y su fortaleza. Comenzó a darse cuenta de que la enseñanza moral que intentaba impartir a los demás con su rechazo al gobierno y sus críticas no estaba funcionando y su actitud se percibía como absurda por parte de los demás. Entonces se cuestionó si su forma de actuar era solo una farsa y se replanteó seriamente de qué servía esa actitud hasta que, tras marcharse a Hendaya, comienza a recibir homenajes en el País Vasco, desde donde se le hace saber que se ha convertido en un símbolo para los contrarios al régimen que buscaban libertad. Más tarde, con la caída de la dictadura, volvía a España en 1930.

Retomando la etapa parisina de Unamuno, a finales de 1924, como se indicaba anteriormente, Unamuno comienza a escribir el manuscrito original de Cómo hacer una novela, que sería custodiado por su amigo Jean Cassou, traducido y publicado más adelante junto al Retrato de Unamuno que añadiría su amigo. Por desgracia, el original, que llegó a manos de Auerbach para publicarlo al alemán, desapareció. Ya en 1927, tras la instalación de Unamuno en Hendaya, el profesor bilbaíno se planteó ampliar el original, pero cuando se entera de su desaparición, decide retraducirlo del francés y aprovechar para ampliarlo con el añadido de Cassou más un comentario que hace del mismo, otros tantos comentarios entre corchetes del original, una Continuación y dos añadidos que siguen el formato de diario, siendo esta última la edición que llega a nuestros días y la que se publicaría en 1927 en Buenos Aires, dada la censura prevalente en España que atrasaría su llegada hasta 1950 aunque pasada por la navaja de la censura franquista.

Con esta serie de pinceladas sobre el entorno en el que se produce Cómo se hace una novela, es posible ahora proceder con un enfoque más directo sobre la obra cómo tal y una serie de reflexiones que, como se anticipó al inicio de este trabajo, abarcarán ideas tales como el conflicto obra-escritor, la historicidad o el tiempo.

Para llegar a la primera de estas ideas, se debe comprender esta novela como la consecución de muchos recorridos sin un final vislumbrable, escribir una novela es también vivirla, se escribe vida, así es cómo se crea, tomando decisiones en un moverse continuo entre lo vivo: “¿Qué voy a hacer de mi Jugo de la Raza? Como esto que escrito, lector, es una novela verdadera, un poema verdadero, una creación, y consiste en decirte cómo se hace y no cómo se cuenta una novela, una vida histórica, no tengo por qué satisfacer tu interés folletinesco y frívolo. Todo lector que leyendo una novela se preocupa de saber cómo acabarán los personajes de ella sin preocuparse de saber cómo acabará él, no merece que satisfaga su curiosidad[2].  El lector al que Unamuno se dirige con esta obra no es otro que un lector crítico, un lector que cambia con la lectura, que “muere” al terminar un libro porque se convierte en un ser distinto o renovado, hasta ese punto llega el estrecho vínculo que une la literatura con la vida.

La novela y la vida se persiguen y se imitan, por eso, la novela no se puede “enseñar”, no existe algo así como una guía para aprender a escribir novelas porque no existen mecanismos que se puedan reproducir como en el funcionamiento de una imprenta, no es algo que se mueva perpetuamente hacia un punto predeterminado, sino que los humanos absorben la novela como algo orgánico, la vida no es mecánica, se vive desde la singularidad y lo espontáneo, no es todo previsible, es un choque constante de fuerzas y personas que devienen dialogando. En el caso de Unamuno, o los distintos Unamuno que hay en el tiempo, es en el que también conviven sus personajes consigo, a través de una memoria y una historia que viven en simbiosis.

Efectivamente, para Unamuno, poco importa el final, el futuro, él no escribe esta obra pensando en el lector que busque entretenerse con Jugo pendiente de qué enrevesada historia le deparará el futuro, y por eso, tampoco le importa demasiado el pasado, ya que, al final, aquello que alberga vida es solo el presente, pues en el momento en el que escribes una idea, lejos de inmortalizarla, cortas su movimiento, su progresión y su diálogo. Queda petrificada si acaso como una obra de arte conservada entre vitrinas en un museo de historia, todo lo que se escribe, muere en el papel, lo interesante, sin embargo, es cómo vuelven a la vida con su diálogo con el lector y también con la memoria, he aquí la demostración unamuniana de la eliminación de la barrera entre realidad y ficción, que se vuelven uno cuando la novela se incorpora en la vida.

De esta forma, la novela de Jugo, que es un alter ego de Miguel de Unamuno, no es sino un diálogo consigo mismo, y la historia de Jugo, es la propia vida de Unamuno, con el que comparte historia, con el que forma una misma conciencia y, en definitiva, compone un mismo organismo.

Concretamente, la novela de Jugo es “la historia de la angustia de un hombre provocada por el terrible descubrimiento de la llegada de una muerte ineludible en la historia o fuera de la historia”, esto es, lo que atormenta a Jugo es una misma certeza que comparte con Miguel de Unamuno pero también con el lector: “Héteme aquí ante estas blancas páginas -blancas como el negro porvenir: ¡terrible blancura!- buscando retener el tiempo que pasa, fijar el huidero hoy, eternizarme o inmortalizarme en fin, bien que eternidad e inmortalidad no sean una sola y misma cosa. Héteme aquí ante estas páginas blancas, mi porvenir, tratando de derramar mi vida a fin de continuar viviendo, de darme la vida, de arrancarme a la muerte de cada instante[3], la certeza de la muerte, la incertidumbre de cuándo y cómo llegará, de qué habrá escrito en las trágicas páginas blancas de un destino oscuro. A Jugo, por otra parte, le encantan las novelas y las lee porque vive hastiado al vivir en un hombre triste que no se ha hecho novela, de ahí que con su lectura busque escapar de su propio yo que le es desconocido y vivir en otros, aunque las novelas no permitan eso sino simplemente vivir.

La novela cuenta que Jugo encuentra una novela cuya lectura le mantiene pegado a ella desde el momento en que la encuentra en un paseo a la orilla del Sena en París (cabe recordar que aquí es donde se encontraba Unamuno exiliado y donde traslada su persona a través de su personaje). En ella, lee: “el lector que llegue al fin de esta dolorosa historia morirá conmigo”, lo que lo aterroriza y hace que ceje en la lectura del libro hasta que, al llegar a casa, sufre la más íntima congoja y piensa que se muere. De ahí que opte por no continuar leyendo la novela, algo que no podrá conseguir porque no puede vivir sin ella y que lo sumía en una dolorosa contradicción, continuar la lectura y arriesgarse a morir junto a su personaje o dejar de leerlo y, por ende, de vivirlo, de perder ese vínculo profundo que lo unía a su realidad. Finalmente, su dilema se resuelve en volver al Sena a hacerse con el libro y, al proseguir la lectura, tras verse nuevamente absorbido por el libro, se desmaya al reencontrarse con el pasaje anterior que lo atormentaba. Por lo que decide quemar el libro a fin de volver a descansar en paz, algo que, por supuesto, le tortura a la mañana siguiente mientras observa las cenizas del libro. Cuando al fin consigue calmarse, vuelve a la orilla del Sena obsesionado con el fin de la historia, pero ya no estaba ahí, así que resuelve comenzar un viaje lejos de París donde olvidaría la historia hasta que, por casualidad, vuelve a toparse en su viaje con otro ejemplar que le hace volver a París para terminar el libro, volviendo a plantearse el dilema anterior. Esta vez, el debate suponía morir sí o sí, si no acababa el libro, renunciaba a vivir la novela en la que ahora su vida se había transformado, muriendo fuera de la historia, o terminar la lectura y morir con el personaje en la misma historia, lo que hace que Jugo se decida por seguir con la lectura del libro hasta que al protagonista le reste escasa vida y aprovechar el momento para cesar con su lectura de una vez por todas.

Lo que está aquí en juego es la crítica al lector que, en lugar de obsesionarse con su propio final, con cómo acabará el final de su propia historia, se vuelve loco por conocer el final de los personajes de una novela, y por eso Unamuno se niega a contar el final de Jugo y prefiere plantear el dilema al lector en sus carnes: ¿es que vives? De modo que el lector sienta la misma agonía para Jugo que para sí mismo, al igual que el relata de manera autobiográfica, aunque enmascarada en su propia novela.

A pesar de todo, en la continuación de la novela que escribe en Hendaya, retoma de nuevo a Jugo porque también queda absorto por la trágica situación en que queda Jugo, al que le permite renunciar finalmente al libro y continuar con su viaje, esta vez pasando por su tierra natal una vez más para encontrarse con su niñez eterna, el tiempo en que no sabía leer y en la que estaba su esencia misma, la que no está absorbida por la vida de los personajes de las novelas.

Llegados a este punto, se puede atisbar ya que en Cómo se hace una novela se lleva a cabo una retorcida reflexión sobre el tiempo y su fluir, una idea muy presente en casi todas las novelas de Unamuno. Las blancas páginas de la vida que menciona al inicio de la novela se ven blancas como un negro porvenir, es decir, un incierto y oscuro futuro, algo que perturba enormemente a Jugo y que, cómo se ha podido atisbar en su contexto histórico, mucho tiene que ver con su vida personal, el tormento que le produce el miedo a la muerte, una muerte que se sabe inevitable y por la que se le crea una necesidad de inmortalidad que se explica en el escribir novelas, porque el diálogo con ellas es lo que permite crear vida con unos personajes que son parte del creador que seguirá viviendo en sus novelas. Y negro era también el porvenir que esperaba a España con la dictadura de Primo de Rivera y el mal funcionamiento político de un país decadente al que Unamuno ama verdaderamente. El autor bilbaíno es, efectivamente “pesimista” dada su constante preocupación por un futuro que se advierte turbio y su carácter melancólico, pero no por ello cae Unamuno en el derrotismo, al contrario, bebiendo del regeneracionismo español y el nihilismo vitalista se convierte en una figura ansiosa de mejora, está preocupado por su país y por la muerte pero en ese “dolerle España” lo que hace es proponer un cambio de actitud a base de orgullo, de una cabezonería de lo más quijotesca, ante la tragedia de la vida que es de ineludible dolor, el sentimiento trágico de la vida consiste en hacer de ese “nadismo” (en sus palabras, preferible a nihilismo) una lucha con orgullo quijotesco. Sin negar el carácter contradictorio de la vida, sin omitir el hecho de que vayamos a morir independientemente de lo que hagamos por prolongar o evitar la muerte, nos reafirmamos en esa lucha contra las injusticias y la muerte porque estamos convencidos de querer vivir y porque se puede vencer a la muerte con la novela que Unamuno, finalmente, parece que sí nos enseña a escribir o, mejor dicho, a vivir. Pero no mediante ideas que, como antes se señaló, dejan de vivir cuando se plasman en el papel, porque dejan de moverse hacia delante y pierden su espontaneidad, los ideales son para guiar nuestras acciones y tomarnos en serio el papel que se nos ha dado en nuestra novela de la vida.

El paso del tiempo que no frena y la certeza de la muerte construyen así un sentimiento de permanencia que se contradice con la llegada de la muerte, por eso la única salida hacia la eternidad es vivir en la memoria, dialogando con el lector y los personajes y los anteriores nosotros, es decir, con la historia. Para eso es importante la historicidad en Unamuno, porque es la herramienta con la que se lucha contra la contradicción de la vida y esta está estrechamente relacionada con el conflicto que plantea entre el creador y el personaje.

Como ya se introdujo anteriormente, Unamuno sostiene que la novela o, en general, una obra, es sinónimo de nosotros mismos. Las historias que se escriben son las que se viven y las historias que se leen son las que también se viven, al relacionarnos con ellas, y así escribe Unamuno, pensando en un lector al que está hablando más que el lector le esté leyendo. Así pues, el creador de una obra no es sino su propia obra también y viceversa, y esto se puede trasladar también a una cuestión ontológica-metafísica o teológica, ya que, nuestro Creador no ha de ser sino alguien que también haya vivido lo que ha construido y, por ende, alguien a quién también han construido todos los seres que habitan la Tierra, de manera que el título de persona o de creador equivale plenamente al de personaje y creación. Ser padre o el Padre consiste en dar vida y, asimismo, ser hijo es ser la vida que se ha dado, en otras palabras, vivir la vida del padre, que inevitablemente también vive en la vida de su hijo. Pero esa vida no se confiere sin más por el hecho de haber dado vida, pues la vida se concede cuando se “padece”, en términos unamunianos; cuando se establece un diálogo con la vida creada, esta se transforma en nosotros, algo en la lectura de la novela nos cambia, nos mata igual que a Jugo, pero sin necesidad de conocer un final, ya que, igual que a Jugo, la vida nos puede cambiar sin necesidad de saber cómo acaba la historia que, a fin de cuentas, es lo que menos importa siempre que se mantenga ese constante movimiento que es luchar contra la contradicción que es la vida mediante la propia vida. “Se nace muerto para morir vivo”, nacemos sin nada y absorbemos toda la vida que podemos, igual que las novelas imitan la vida, y es así como el personaje o el hijo se desarrolla hasta convertirse en un personaje, un actor que se hará padre con sus propias acciones que de nuevo cambien el mundo y creen vida. Y esta es la razón por la que merece la pena luchar quijotescamente con la vida, porque la vida no acaba en la muerte del cuerpo igual que la novela no acaba por la destrucción de un solo ejemplar del que haya copias, solo acaba si deja de haber creación; y también es, lógicamente, la razón de que Unamuno no quiera darle un final a Jugo, porque lo que acaba verdaderamente y cierra el círculo perfecto, es la muerte, pero la vida no puede morir.

Así pues, si vida y novela pueden ser sinónimos, ¿dónde quedan los límites entre realidad y ficción? Desde luego que, entre personaje y creador, no, pues la historia es el hilo conductor que las envuelve y las retroalimenta, pero quizá si en su medio de relación: el diálogo. Un diálogo requiere de la existencia de al menos dos personas, pueden ser ciudades, libros, objetos personificados, incluso podría darse un diálogo con uno mismo en la conciencia, la memoria o los personajes de los que es padre en su novela, pero siempre será necesaria la itinerancia de dos razones pensantes. No existe algo así como una diferencia entre respirar tinta y oxígeno para separar ficción de realidad, ni siquiera las mayores fantasías suceden necesariamente en la novela, pues también se dan en la realidad con la superación personal, la tecnología o la imaginación, lo único que las separa es un diálogo que interpela dos elementos, el real y el ficticio, aunque la frontera que separa cada ámbito es tan fina que a veces es difícilmente discernible hasta el punto en que lo más probable es que realidad y ficción se superen en el momento en que se produce un intercambio de realidad entre ambos, cuando surge el diálogo y cuando se lee, el lector  y el personaje mueren y renacen y cada uno se viste con la persona del otro. El personaje adquiere la realidad del que se hace interlocutor y entonces se convierte en padre, en creador de más ficción, y es que, la realidad tal y como se conoce no es una idea pura e impenetrable, sino que se ve atravesada por la novela y le devuelve el golpe, ya que, independientemente de si hubo realidad antes que ficción, si es que acaso no somos desde un principio obras ficticias de nuestro creador, la ficción también puede generar realidad: “la novela de mí, Miguel de Unamuno, al que llamamos así, hemos hecho conjuntamente los otros y yo, mis amigos y mis enemigos, y mi yo amigo y mi yo enemigo. Y he aquí por qué no puedo mirarme un rato al espejo, porque al punto se me van los ojos tras de mis ojos, tras su retrato, y desde que miro a mi mirada me siento vaciarme de mí mismo, perder mi historia, mi leyenda, mi novela, volver a la inconciencia, al pasado, a la nada[4]”.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Bibliografía

Fernández Urtasun, R. (2003) “Teoría de la autobiografía en Cómo se hace una novela, de Miguel de Unamuno”. En: Memorias y olvidos: autos y biografías (reales, ficticias) en la cultura hispánica, Jesús Pérez Magallón, Ricardo de la Fuente y Kay M. Sibbald eds., Valladolid, Ed. Universitas Castellae, Colección ""Cultura Iberoamericana"", 2003: 73-88.

Jazmín, D. (2021) Comentario a “Cómo se hace una novela” de Unamuno. Artículo publicado en: https://ensayosminimos.com/2021/11/10/comentario-a-como-se-hace-una-novela-unamuno/

Peña, R. (2013) “Cómo se hace una novela”, de Miguel de Unamuno. Artículo publicado en Libros Vavel, URL: https://vavel.media/es/2013/04/25/libros/232703.html

Rabate, J.C. (2009) Miguel de Unamuno. Biografía. Ed. Taurus.

Unamuno, M. (1927) Cómo se hace una novela, Edición digital (2018) Librodot.com, URL: https://centroderecursos.educarchile.cl/bitstream/handle/20.500.12246/53735/articles-107071_Archivo.pdf?sequence=1&isAllowed=y.



[1] Unamuno, M. (1927) p.4.

[2] Unamuno, M. (1927) p.15.

[3] Unamuno, M. (1927) p.1.

[4] Unamuno, M. (1927) p.5.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Reseña Arte Duty-free. El arte en la era de la guerra civil planetaria., Hito Steyerl.

Entropía inversa en el Arte Duty-free El libro de Steyerl está codificado en el lenguaje de un delirio muy lúcido en el que se plantea la ...